El señor de los milagros – Segunda parte

En el capítulo anterior: pidiendo un milagro para salvar a mi monito vi una sombra extraña en un lugar donde habitualmente no hay nada.

¿Vi un fantasma? ¿Soñé? La única manera de saber era volver al sitio y ver.

Entre tanto mi miquito seguía enfermo.

Un milagro, por favor, que ocurra un milagro para salvarlo; hasta en mis sueños yo seguía rogando.

La vida es movimiento, la vida es cambio y en estas épocas extrañas, por donde lo veamos estamos soñando.

Pero incluso cuando soñamos, hay cosas que están ahí y que uno no quiere ver.

Tiempo de lectura: 14 minutos

©Por las ramas

Sueño de una noche de invierno

Caminaba en un jardín, había flores por todos lados. Unas eran de color malva; otras más oscuras, en forma de tubo, de un púrpura tirando a marrón. También había campanitas amarillas con corazón violeta y otras más grandes, blancas y en forma de trompeta.

Cuando me daba cuenta, estaba en un cementerio. Un momento después, veía un árbol. O más bien, su follaje cayendo sobre una lápida. Me acercaba. Claramente podía leer:

“Aquí yace Mimono, el monito políglota, filósofo y artista”

Mi corazón daba un vuelco, el mundo se desplomaba.

No pude hacer nada, pensaba.

El pecho me dolía.

No puede ser, no puede ser, me decía.

Quería llorar, pero las lágrimas no me salían. 

Un milagro.

Necesito un milagro para que mi monito vuelva a la vida, rogaba.

De pronto, de la tumba de mi miquito surgía una planta. Crecía y crecía hasta volverse un abedul muy grande.  Delgado y ágil, los ojitos de su tronco gris me observaban.

Miraba a mi alrededor: de todas las sepulturas estaban saliendo plantas; y un instante después el cementerio se transformaba en un bosque. Había robles, hayas, castaños, más abedules y muchísimos arbustos; estábamos en Europa, la primavera comenzaba.

En la mitad de la arboleda, rodeado de toda esa vida que brotaba de las lápidas se encontraba el primer árbol, ese que había visto al inicio, ese cuyas hojas rozaban la piedra bajo la cual reposaba mi monito.  ¿Qué es?, me preguntaba. En vano, no lograba identificarlo.

Yo miraba las copas de los árboles, que ahora estaban altísimos; y aunque no veía a mi miquito, estaba segura de que él estaba ahí arriba, correteando por las ramas. Estaba metido entre la corteza, jugando en el verde de las hojas, subiendo por la savia.

Yo lo sabía: Mimono estaba ahí conmigo. Simplemente había cambiado de forma.

De pronto el viento se levantaba y de un susurro oía la voz de mi amiguito: la vida es movimiento, la vida es cambio, le oía decir.

Me desperté temblando. Miré el reloj: las seis de la mañana.

Cerré los ojos.


Volví a abrirlos.

Ayer se me apareció un fantasma, pensé.

¿Soñé? La única manera de saber sería de volver al sitio y ver.  

Un segundo después vino a mi mente la imagen de la tumba de Mimono. Salté de la cama y me dirigí a su cuarto.  Abrí la puerta y entré.

Mi compañerito dormía profundamente. 

Mimono duerme profundamente
©Por las ramas

Dios mío, gracias; mi monito está vivo. Me acerqué y me recosté a su lado.

Podía sentir su respiración, su pechito subía y bajaba.

Miquito mío, ¿qué tengo que hacer para que te mejores?

Ayer no logré que cenara. El, que hace unos meses amaba comer, que siempre estaba fisgoneando en la despensa a ver de qué se antojaba, el que a las cuatro de la tarde me pedía su merienda; ese mismo miquito había perdido completamente el apetito. Estaba más flaquito.

Mimono, ¿a quién tengo que pedirle ayuda para que te vuelva el gusto por la vida?

Anoche no le había dado la pastilla recetada por el médico. No me había parecido correcto que lo tomara con el estómago vacío.

La verdad, yo no creía en el poder curativo de ninguno de los medicamentos prescritos. Un segundo después vino a mi mente la tumba que había visto en mi sueño. Me sentí terriblemente culpable.  Esta noche le doy el remedio, me dije.  

Un instante después pensé:  

Un milagro.

Necesito un milagro para que mi monito vuelva a la vida.

Miré a mi alrededor.

En una de las paredes de la habitación, el miquito filósofo ha ido pegando hojas con dibujos hechos por él. En algunas de ellas también ha escrito frases que ha sacado de los libros de sus Masters.

“Me inspiran”, suele decir.

Ante mis ojos desfilaban frases de Dante, Shakespeare, Byron, Goethe, Séneca, Homero, Virgilio, Von Humbolt, R.W. Emerson, Spinoza, Montaigne, Nietzche…

Una de ellas me llamo la atención: [1]


Shakespeare's We are such stuff as dreams are made on, and our little life is rounded with a sleep.
©Por las ramas

Miré al miquito. De vez en cuando movía la cabecita, luego las orejitas.

El miquito amazónico soñaba.

¿Qué sueña un monito?, me pregunté.

Si estamos hechos de la misma tela que los sueños, Mimono sueña la selva, me dije.  


La jungla a los pies de Mimono
© Foto Conscious Design en Unsplash

En este instante debe estar rodeado de ella por todos lados.


Volví a pensar en mi sueño y en la horrorosa lápida. Si Mimono se mejora, lo llevo a la Amazonia, me dije.  Sus raíces están allá. No puede ser que se quede en Europa.  Por más intelectual que sea, por más lenguas que hable, este monito es un mico.

Es de naturaleza animal, no tiene nada que hacer en la ciudad.

¿Qué hace un primate neotropical aquí?

Su vida está en la cima de los árboles no la jungla del cemento.

Levanté los ojos hacia la pared y me topé de nuevo con una frase de otro de sus Maestros: [2]


Séneca La vida feliz es aquella que esta de acuerdo con su naturaleza
©Por las ramas

Mimono es la Amazonia. Su jungla le dará de nuevo ganas de vivir vida.

Llevarlo a la selva; sí, eso es lo que tengo que hacer, repetí.

Le di un besito, me levanté y lo arropé.  Antes de cerrar la puerta, volví a leer

“We are such stuff as dreams are made on…”

Fui a la cocina y me hice un café.

Encendí el radio:  «Listas de espera para la vacunación«, anunciaba el gobierno. «La afluencia de los pacientes ha sido tanta, que las líneas telefónicas y las páginas internet donde se reserva se han saturado.”, anunciaban [3] .

Aunque estemos hechos de la misma materia que los sueños, es increíble como la realidad nos atrapa de nuevo.

Estábamos a 19 de enero. El día de ayer, el acceso a la vacuna contra la Covid 19 se había extendido a los mayores de 75 años.  Después del primer grupo (considerados como población en mayor riesgo), cinco millones de personas habían sido llamados a vacunarse.

Todo indicaba que la campaña de vacunación iba viento en popa.

Pensé en mis suegros, 84 y 76 años respectivamente. Justamente hace unos días, mi marido y su hermano habían hablado de pedir cita para ellos. ¿En qué había quedado eso?

Dios, me gustaría despertarme un día y ver que todo esto solo ha sido un mal sueño. 

Que el virus, las mascarillas y el miedo ocurrió en una época en que la humanidad entera dormía.

Apagué el radio. Cogí mi taza de café, me senté en el sofá y miré por la ventana: una mañana de finales de invierno despejada y fría.

La calle estaba vacía. Del edificio de enfrente salió un señor mayor con un perrito. Se dirigieron hacia el sendero que lleva al centro de Annecy. En unos instantes van a pasar por la esquina donde ayer vi el fantasma, pensé.

Dios santo, ¿soñé?  La única forma de saberlo sería ir y ver.

En ese momento el perrito se dio la vuelta y empezó a olisquear una pared. Me fijé en el señor: abrigo de lana, cabello muy blanco bajo una boina a cuadros, unos 80 años; y sin embargo todo en él respiraba vitalidad.

Volví a pensar en las palabras del ministro de la salud: “En toda Francia, las líneas telefónicas han sido tomadas por asalto”. 

Hay gente que definitivamente si cree en la vacuna. Hay otros que, no, me dije [4]

Cerré los ojos.


(Para escuchar este capítulo, haz click en la flecha de color naranja)

Tiempo del audio : 7 minutos


En ese momento abrí los ojos.

Era todavía por la mañana, estaba sentada al frente de mi ventana. La calle estaba vacía, ni rastro del señor mayor ni de su perrito.

Entonces… ¿Qué hacer?, me dije.

¿Dudar? ¿No vacunarse? ¿Esperar? ¿Aprender a vivir con el virus?

O avanzar sin miedo.

Confiar y creer. Hacer cuanto esté a su alcance para que el mundo vaya mejor.

No hay de otra, me dije.

La vacuna contra la Covid 19 es un acto de fe:  en el hombre, en la ciencia y en la Vida.

Como dice Mimono: la vida es movimiento, la vida es cambio.

En ese instante, no sé cómo, me acordé de la forma oscura que me asustó ayer.

¿Soñé? La única forma de saberlo era ir y ver.

Salí de mi apartamento, bajé las escaleras y abrí la puerta del edificio. Una bocanada de aire frío me dio la bienvenida.  Domingo, ocho de la mañana, nadie en la calle. Atravesé la avenida, sobrepasé un par de inmuebles, levanté la cabeza, divisé la fachada de un edificio y de pronto, vi:

Envuelto en la delicada bruma matinal: un árbol. Exactamente en el lugar donde ayer había un fantasma.


Hay cosas que están ahí y que uno no quiere ver
©Por las ramas

Solitario, discreto, inmenso. Me detuve unos segundos. No puede ser, me dije.  ¿Fue eso lo que me dio tanto miedo ayer?

Lo observé: una forma oscura sobresaliendo en la claridad reinante.

¿Por qué no me había fijado antes en él?

Oí un sonido metálico detrás de mí y luego el ruido de un motor. Me volteé: un carro salía de un garaje.

Volví a mirar el árbol: gran follaje y un porte de pirámide más bien abombada.

Está claro, me dije, es una conífera. En esta época del año son los únicos que conservan sus hojas.

Di un par de pasos más hacia él y me detuve a cierta distancia.

Si, una conífera. Pero ¿cuál?  No parece un abeto, tampoco una picea, mucho menos un cedro.

Lo observé detenidamente: realmente grande. ¿Cuántos años tendría?  Por el tamaño de su tronco, muchos. Increíble que no hubiera reparado en él antes.  Ahora frente a mí, era imposible dejar de mirarlo.

Su presencia lo abarcaba todo, llenaba todo el espacio.

Entendí porque me había inspirado tanto miedo. Sus hojas y su corteza eran casi negras.  Aún bajo la luz del día, este árbol tenía algo de lúgubre. Majestuoso, sombrío, misterioso. Pero vamos a ver ¿qué árbol es? A un señor de estos nunca lo he visto, me dije. Miraba su enorme copa en forma de triángulo, su tronco corto, irregular, que pareciera que estuviese formado por cientos de leños y sus ramas saliendo a algunos centímetros del suelo.

Sin saber bien por qué, no me atrevía a acercarme más a él.  

Nadie alrededor. Solos, él y yo.

Y sin embargo, me vino a la mente Mimono y la última parte de la frase de William Shakespeare:

… and our little life is rounded with a sleep.

En ese momento, algo pasó.  Aún hoy, escribiendo estas líneas, no puedo explicar lo que sucedió.

Delante de mí, un árbol; en frente de mí, un hombre.

Maduro, reservado; observando. Se diría que escondiendo algo. Recostado en el muro del edificio, las manos en los bolsillos, la cabeza ladeada. Alguien que atrae y al mismo tiempo asusta.  Mirándome; aguardando que yo lo mirase. Como si tuviera todo el tiempo del mundo; esperándome.

Yo no podía quitarle los ojos de encima, absolutamente fascinada. Al mismo tiempo algo me decía: ten cuidado.

No sé cuánto tiempo estuve así.

En un momento dado, detrás mío oí pasos: una pareja venía trotando. Pasaron delante de mí y se dirigieron en dirección contraria del sendero que lleva al centro de Annecy. Los observé alejarse.

Cuando volví a mirar al frente mío, como por arte de magia, el árbol estaba allí.

Miré el reloj: casi las diez.

Llevo dos horas mirando lo que siempre ha estado ahí; lo que llevo años pasado por alto. Este árbol ya estaba en este lugar cuando mi marido y yo nos mudamos a este barrio.

Hay cosas que están ahí y que uno no quiere ver.

Giré sobre mis talones, atravesé la avenida. No sé bien cómo hice para recorrer los pocos metros que me separaban de la puerta de mi edificio. Subí las escaleras y entré en tromba a mi casa.

Una sola pregunta me obsesionaba:

¿Quién es ese señor?


TO BE CONTINUED… AGAIN


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Referencias

La foto «El señor de los milagros – Segunda parte» fue tomada por Akin para Unsplash

La foto del audio «Cerré los ojos» fue tomada por Chris Montgomery para Unsplash

[1] William Shakespeare, La Tempestad, Acto IV, escena 1

[2] « La vie heureuse est donc celle qui est en accord avec sa nature », Sénèque, La vie heureuse, p.11  edición Mille et un Nuits. La traducción es mía.

[3] Covid-19: une liste d’attente pour la vaccination, annonce Véran, HuffPost de 19/01/2021, página internet consultada el 16/03/2021

[4] Este capítulo está inspirado en los siguientes artículos de periódicos y revistas :

« Mes enfants ne passeront pas Noël avec mamie, qui est embrigadée » : les fêtes de fin d’année à l’épreuve du complotisme, Le Monde, 23/12/2020, consultado el 18/03/2020.

Covid-19 vaccines: anti-vaxxers and conspiracy theories (part two) – podcast, The Guardian, consultado el 24/03/2021

A la recherche du vaccin contre le Covid-19 : la course acharnée entre les laboratoires et les Etats, Le Monde, 24/03/2020, consultado el 17/03/2021.

Pourquoi le vaccin est-il déjà autorisé alors que les essais cliniques ne sont pas finis?, Adiós Corona, consultado el 23/03/2021.

Les idées claires sur le Covid-19 : les variants, Le monde, disponible en consultado el 23/03/2021.

How has a Covid vaccine been developed so quickly?, The Guardian, consultado el 24/03/2021

Je vis, donc je mute ? Cédric Enjalbert, Philosophie Magazine No. 148, avril 2021.

Le goût du vrai, Etienne Klein, Tracts Gallimard N° 17, juillet 2020.


© Por las ramas


10 comentarios en «El señor de los milagros – Segunda parte»

  1. Hola Juanita y Mimono,
    paciencia, la primavera está casi aquí y dentro de nada podréis ver todas las hojas nuevas y la alegría volverá a los dos. Mientras os recomiendo una lectura de un chaval de 15 años naturalista, conservacionista y activista. Vive en Irlanda y es una inspiración. Espero que sus ganas de hacer cosas por la naturaleza se contagien y seamos capaces de cambiar algo. Por lo pronto, lo más importante es que nos informemos y conozcamos como funcionan los ecosistemas y el lugar de cada uno en ellos. Se llama: Dara McAnulty y su libro se titula: Diario de un joven naturalista.
    Espero que lo disfrutéis tanto como yo, y que os inspire un poco más…
    Un beso y hasta pronto desde Madrid florido.
    Elena

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    • Hola Elena,
      gracias por tu comentario.
      Si, aquí está entrando suavemente la primavera.
      Los cerezos y otros prunus ya están en flor. Verlos es una maravilla, me suben el ánimo.

      Dara McAnulty y su Diario de un joven naturalista… ¡Si! Eres la segunda persona que me habla de él y de la sensibilidad del autor.
      Muchas gracias por hablarnos de él en este blog (lo pongo en la ‘to read list”). 🙂

      Escribiendo la segunda parte del Señor de los Milagros, escudriñé en la maleta de Mary Poppins de Mimono y encontré (entre otros tesoros), Las penas del joven Werther, de Goethe.
      Otro registro, me dirás tú.
      Si, cierto es una historia de amor. Pero tiene unos cuantos pasajes sobre la sensibilidad de Goethe hacia la naturaleza que me parecieron luminosos.
      Maravillarse de la belleza de una colina, de una fuente o las flores que lo rodean durante un paseo (y lograr magníficamente transmitirlo al lector) es un regalo de inspiración.

      Me imagino que Dara McAnulty hizo el mismo efecto en ti. 😉

      Un gran beso desde los Alpes.
      Juanita

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    • Hola Ana María ,
      Muchas gracias por tu comentario.

      Ocho palabras y otro tanto de signos de exclamación que nos llenan de alegría.

      Si, ya estamos trabajando en la tercera parte.
      Como diría Mimono, les estaremos contando “as soon is posible”.

      Un abrazo grande desde los Alpes.

      Responder
  2. Hola Juanis,
    Nos dejaste en suspenso nuevamente… me encanta leer tus relatos. Muchas gracias por llevarnos ahi, muy nitidamente con las descripciones, colores, audio, fotos, emociones…
    Ojala Mimono se mejore pronto,
    Maria

    Responder
    • Hola María,

      muchas gracias por tu comentario.
      Si… suspenso nuevamente. La «culpa» la tiene el señor tan misterioso que va contando su historia de esa manera.
      En fin, es así: la inspiración es la que manda.
      Y «donde manda capitán, no manda marinero«.
      (De hecho «el marinero» está bastante contento de dejarse guiar) 😉

      Me alegra mucho que las fotos, descripciones y colores y audios te hayan transmitido emociones. 🙂
      (Si, que alegría. Leer tu comentario, motiva)

      Te confirmo: Mimono va mejor.
      En la tercera parte les contaremos sobre su convalecencia.

      Un saludo grande, grande desde los Alpes,

      Responder
  3. Quel suspens , Juanita ! J’ai hâte de savoir qui est cet homme …
    Je dois lire ta nouvelle en version traduite en français, n’étant malheureusement pas assez bonne en espagnol pour te lire en VO.
    Mais ce qui est drôle , c’est que la seule phrase qui me vient spontanément à l’esprit suite à mes 2 ans de cours d’espagnol durant mes études est : «en Strasburgo hay un arbol » !!!
    Bravo pour ton écriture qui nous emporte dans un imaginaire réaliste , j’ai écouté ta voix sans comprendre tes mots , mais en me laissant bercer par le rythme et la musicalité de tes phrases …
    Je te demanderai des explications lorsque nous aurons le plaisir de nous retrouver dans un monde moins restreint, au cours d’une balade en toute liberté dans la belle nature …
    Merci pour ton inspiration et ton partage .

    Responder
    • Bonjour Marie Hélène,

      Bienvenue à Por las ramas!
      Quelle belle surprise de lire ton commentaire !
      Je me réjouis que tu aies envie de savoir la suite.
      Merci beaucoup.

      Oui, avec certains navigateurs tels que Google Crome nous pouvons avoir la traduction d’un texte.
      Si parfois elle n’est pas 100% fidèle, elle nous donne le sujet et les grandes lignes.
      Nous vivons une époque incroyable.
      La technologie nous permet de franchir les frontières de la langue.:)

      «En Strasburgo hay un árbol»… c’est génial que le texte t’ait évoqué cette phrase.
      Elle me fait penser aux mots : jeunesse, liberté, envie. Des beaux moments vécus auprès d’un arbre ?

      «Imaginaire réaliste«, «rythme et musicalité de tes phrases» : je suis comblée de compliments.
      Merci Marie Hélène. C’est très motivant.

      Avec plaisir pour discuter les détails de la nouvelle au cours d’une promenade.
      Eh oui, dans quelques jours nous pourrons de nouveau arpenter nos montagnes (et au-delà !)

      A bientôt sur les branches !

      Juanita

      Responder
  4. Juanita, hoy nos llevaste, suavemente, por los caminos del misterio y de la irrealidad de los sueños pero , igualmente, nos sacudiste con fuertes dosis de realidad. Fue una novedosa experiencia!

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    • Hola María Eugenia,
      Me encanta leer tus comentarios.
      Misterio, sueños y realidad.
      Si, esos son los tres elementos de la segunda parte del Señor de los milagros.

      Digamos que es la inspiración la que va diciendo cómo tratar el tema de la muerte.
      Como les conté a los lectores en un e-mail, el árbol del que estoy hablando está relacionado con ese tema.
      Para hablar de él, me dejo guiar por las ideas que vienen.
      En estos momentos, la realidad mundial va acorde con él.

      En mi caso, contar el cuento me ha hecho abrir los ojos.
      La muerte no es un tema fácil de hablar. Te confieso que desde que abrí este blog, no ha sido el más agradable.
      Y, sin embargo, me he dado cuenta que está íntimamente ligado a la Vida. Y me ha hecho valorarla aún más.

      Espero que la experiencia te haya dado ganas de saber qué va a pasar… y de seguir andando juntas por las ramas. 🙂

      Un abrazo grande desde los Alpes,

      Responder

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