El señor de los milagros – Primera parte

Pido un milagro.

Camino por la calle y eso es lo que voy rogando: por favor, que Mimono se mejore. Una terrible enfermedad lo tiene entre la vida y la muerte y yo no encuentro el remedio para salvarlo.

Podría echarle la culpa de todo a un árbol, que meses antes el monito amazónico había calificado de miraculoso. Ahora sé que no es cierto.

El origen de su mal viene de una ley de la naturaleza: la vida es movimiento, la vida es cambio. 

Buscando la cura para mi miquito y rogando que pasara algo, de la penumbra surgió un prodigio.

Tiempo de lectura: 17 minutos

© Por las ramas

A ghost story  

Volviendo a casa una tarde de enero me fijé en una forma oscura e irregular situada en una esquina del sendero que pasa cerca de mi casa. Era la primera vez que la veía. En medio de la bruma invernal una esfera grande y compacta flotaba ligeramente en el aire. A solo unos cuantos metros de mí, inexplicablemente.  Una presencia extraña llenando un espacio habitualmente vacío.

Me acuerdo perfecto de ese día.

En el preciso instante en que vi la aparición, yo venía pidiendo un milagro: por favor, que mi monito se mejore.

Desde hacía unas semanas mi compañerito ya no quería vivir más. Había perdido el apetito. No quería jugar, tampoco leer, mucho menos pintar.

“La terrible enfermedad de la tristeza”, había diagnosticado el médico. “El mal del siglo XXI”, así lo llaman. Una de cada diez personas ha padecido un episodio de esta dolencia. Afecta principalmente a los adultos, sobre todo aquellos que se encuentran en situación vulnerable. También se han visto casos en niños.

Pero se va a curar, ¿cierto? le pregunté.

Toma tiempo, había dicho entregándome una orden con el nombre de dos medicamentos. Tres gotas al levantarse y una pastilla antes de acostarse, había dicho, dándole al miquito una palmadita amistosa en la cabecita.

La tarde que vi por primera vez la silueta opaca en el ángulo que lleva al bosquecillo, yo venía sumida en mis pensamientos.


Al origen de la tristeza de mi miquito, un árbol. O más bien: la imposibilidad de ir a visitarlo.

Situado a miles de kilómetros de los Alpes, en un lugar recóndito en pleno corazón del país donde nací:  Colombobalanus excelsa, para los iniciados; más conocido como roble negro colombiano.[1]

Un árbol que Mimono había calificado de milagro. Un prodigio que, según mi amigo, necesitaba de nuestra ayuda. [2]


Es un arbolito vulnerable, me había dicho.

Durante varios meses habíamos planeado ir a conocerlo. Mi compañerito estaba realmente entusiasmado con la idea.

Juanita, ¿sabías que solo hay cuatro poblaciones de Colombobalanus excelsa en Colombia?

¿Sabías que hasta los años cuarenta no se conocía?

Juanita, ¿cuándo nos vamos?

Y así, todo el día. Sus ojitos simiescos brillaban de alegría.

Había contactado a los expertos del arbolito. Y ya había reservado los tiquetes de avión.


Pero una tarde la realidad nos alcanzó, haciendo volar en mil pedazos el proyecto, arrojando a la cama al miquito y sumiéndolo en un profundo mutismo.

Un nuevo virus había hecho su aparición en el mundo dejando a su paso 2 millones de muertos en menos de un año[3], sembrando el pánico, la confusión y la soledad entre los seres humanos.

Desde su aparición en la escena mundial muchas cosas se descubrieron acerca de él:

  • nombre: SARS-CoV-2
  • familia: coronavirus
  • enfermedad: Covid 19. [4]

Se supo dónde y cuándo estalló el primer brote:

  • país: China. Región de Wuhan
  • lugar: un mercado de animales
  • fecha: noviembre del 2019.

Siguiendo la pista de la transmisión animal-hombre, se identificaron a los responsables (ambos mamíferos asiáticos) :


Una luz al final del túnel  

Al mismo tiempo la ciencia avanzaba. Como un regalo de Navidad en diciembre del 2020, se inició la vacunación en gran parte de la Unión Europea.    

La promesa presagiaba que el número de hospitalizaciones y fallecidos disminuiría. Aunque no asegurase el fin de la epidemia, era un rayo de esperanza en medio de la oscuridad.[5]

La llegada de la vacuna puso en la mesa un nuevo desafío: se necesitaban dosis para todos los habitantes del planeta. Cada país se organizó, se crearon grupos de vacunación. Se dio la prioridad a las personas más vulnerables. Teniendo en cuenta mi edad y mi estado de salud, no hacía parte de ninguno de ellos.

Había que esperar.

Al poco tiempo, en Bogotá aumentaron casos y muertes por Covid 19. Los habitantes de la ciudad entraron en el segundo pico de la epidemia.

Definitivamente, la consigna era aguardar.

Una mañana tomando el desayuno, le anuncié:

Mimono, en este momento no podemos viajar.

No es el mejor momento para ir a visitar al roble negro. Hay que esperar que la situación se mejore.

Pero si lo estamos haciendo desde marzo, me respondió soltando de un golpe la cuchara que tenía en la mano.

Por favor, Mimono, hay que ser sensatos. Es un problema mundial. ¿Entiendes?

El monito me miró muy serio, tiró el plato de cereales que tenía en la mano y se subió encima de la mesa:

Ay Juanita, ahora si vienen a hablar de buen juicio, me respondió con un grito.

Los seres humanos son expertos en dar lecciones

Solo le ponen atención a la muerte cuando les toca a ustedes.

Creyendo que saben de todo y no queriendo ver lo que es evidente.

Virus, animales, clima: todo el mundo tiene la culpa, salvo ustedes.

Si no dejan de cambiar el entorno que les rodea, de meterse en los lugares donde no se les espera, ¿Cómo no quieren encontrarse de frente con la muerte?

Cortan bosques tropicales, plantan sus granos donde antes había árboles, modifican el hábitat de especies salvajes, que con tanto cambio llegan hasta ustedes.

Es obvio que se van a encontrar con virus mortales que saltan de la vida silvestre hacia ustedes.[6]

Tú, yo, los animales, las plantas y los árboles somos organismos. Hacemos parte de la naturaleza. Estamos regidos por sus principios.

Muchas de esas leyes aún no las entendemos, pero hay algunas que, con solo poner atención, son evidentes:

Todo lo que nace, muere.

La vida es movimiento.

La vida es cambio.

Pero pareciera que ustedes los humanos se sintieran inmunes a las leyes de la naturaleza.

Esas fueron sus últimas palabras antes de meterse en la cama y adentrarse en un profundo silencio.

Mimono se deprime por no ir a visitar al roble negro
© Por las ramas

Los primeros días pensé que se trataba de una rabieta.

Para que se le pasara, utilicé ciertos artificios que en tiempos normales resultaban irresistibles para mi compañerito.

Mimono, ¿vamos a ver a las señoritas Piceas? Estarán contentas de volverte a ver.  Me dijo no con la cabecita.

Fui al mercado y compré banano, kiwi y naranjas: las frutas que más le gustan. Añadí una tableta de chocolate negro: su favorito. Ninguno de los alimentos hizo efecto en el ánimo del miquito.

No me di por vencida. Si el gusto por la vida no le volvía por el paladar, estaba segura de que podía contar con la prodigiosa lengua de sus maestros.

Sus “citas con sus Masters” eran sagradas: una vez al mes se encerraba en su cuarto y pasaba la noche leyendo las obras de algunos de ellos. A la mañana siguiente el miquito resplandecía.


Este mes, me había dicho él, tenía cita con los British.

Libros de Shakespeare y Lord Byron
© Por las ramas

Bien, me dije, echando una mirada en su maleta de Mary Poppins. ¿Shakespeare o Lord Byron?

Me decidí. Entré en su cuarto, coloqué varios libros alrededor de su camita y le anuncié:

Mimono esta noche tienes cita con William. Resultado: el miquito se dio la vuelta y siguió durmiendo. 

La situación era realmente grave. Al día siguiente llamé al veterinario.


Esa tarde en que vi la figura flotando cerca a mi casa, yo venía de la farmacia con los remedios prescritos.

Anochecía. Venía casi corriendo: en un momento el reloj marcaría las seis de la tarde, hora del inicio del toque de queda. Dos bolsas en cada mano, andaba por la calle muerta del frío.

La espesa capa de niebla con la que nos habíamos despertado los annecianos esa mañana y que nos había dado un respiro a mediodía, volvía a instalarse a esa hora tardía.

Sentía mis dedos agarrotados, se me habían olvidado los guantes al salir de mi casa; no me imaginaba que me iba a tardar mucho más de lo que pensaba. 

Una larga fila me esperaba al llegar a la puerta de la farmacia. Tres afiches colgaban en la entrada:

“Por la seguridad de todos, máximo 4 personas al interior”

“Gel hidroalcohólico a su disposición”

“Mantenga la distancia de seguridad”

Me acomodé mi gorro de lana, ajusté mi mascarilla bajo mis gafas, metí mis manos heladas en los bolsillos de mi abrigo y me preparé para la espera. 

Unos minutos después de llegar, una persona se puso detrás mío.

Oí que saludaba a alguien, su voz me sonó conocida. Me volteé. Un poco más de cuarenta años, una barba de cuatro días y unos grandes ojos negros: David, el proyeccionista de la sala de cine donde solía ir hace unos meses. Salut, ca va?, me saludó amablemente. Lo miré: había cambiado. ¿Cómo estás?, le pregunté. Se alzó de hombros. Esto va para largo, me respondió con una sonrisa amarga. C’est la vie. ¿Qué le vamos a hacer? No supe que decirle; en su situación, cualquier cosa hubiera sonado tonta. David era una de las tantas personas que en este país no trabajaban desde hacía meses por causa de la Covid-19.

En Francia, por razones sanitarias, desde finales de octubre del año pasado, las salas de cine, de teatro, de conciertos, de exposiciones; los museos y todos los establecimientos culturales están cerrados.[7] Sin contar los gimnasios, piscinas, salas de deporte, cafés, bares y restaurantes. Se había hablado de una posible reapertura para principios de diciembre, luego para Navidad, luego para el siete de enero y luego nada.

El número de hospitalizaciones y de admisiones en reanimación es aún muy alto, explica el gobierno. La situación de tensión del sistema de salud es preocupante. 

De pronto, David se quedó mirándome muy serio. Me acabo de dar cuenta que se me olvidó la mascarilla, me dijo. Excuse-moi, me toca devolverme a casa, dijo dándose la vuelta y dirigiéndose a la dirección opuesta. Claro: no lo iban a dejar entrar.

Todo el mundo lo sabe, eso hace parte de la nueva normalidad: uno no sale de la casa sin su tapabocas. 

Nuestra noción del tiempo, nuestra relación con los demás, nuestras normas de higiene, nuestra realidad: la pandemia había transformado la vida de 7 000 millones de seres humanos, en unos pocos meses y sin avisar. 

Esperando mi turno para que me atendieran, me puse a mirar la televisión. En la farmacia tenían prendida una pantalla dando las últimas noticias. En primera plana y como de costumbre: la Covid 19.

Sin embargo, dos novedades se anunciaban

  • El virus circulaba ya en Francia en noviembre del 2019[8].
  • La pista del pangolín como huésped intermediario y posible transmisor del virus, se ponía en entredicho.[9]
© Wikipedia By U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters – Manis temminckii, CC BY 2.0

A pesar que, desde su aparición, la comunidad científica había dedicado cuerpo y alma a entenderlo y encontrarle una solución, en muchos puntos este virus seguía siento un enigma.  

Ataca a los adultos, pero no a los niños. Buena parte de los casos son contagiosos y al mismo tiempo asintomáticos.

Las noticias alentadoras eran rápidamente reemplazadas al otro día. Un día nos enterábamos de que ya eran tres los laboratorios que proponían la esperada vacuna. Semanas más tarde y con la llegada de nuevas variantes del virus, se ponía en duda la eficacia de una de ellas. Las certitudes mantenidas durante meses, una mañana se desplomaban.[10]

La Covid-19 nos había cambiado la vida.

Mirando la pantalla ese día, me dije: lo que sí es seguro, es que, en algún momento, los seres humanos la venceremos. De nuestro lado tenemos el progreso, la ciencia y la tecnología.

¿No somos la especie que además de crear vacunas, ha pisado la Luna y va a buscar índices de vida en Marte?

La pregunta es, cuando llegue ese día, ¿qué habremos aprendido?

Y en ese momento pensé en Mimono.

Nos dimos cuenta de la fragilidad de la vida.

Nos dimos cuenta que somos vulnerables.

Que como cualquier organismo estamos regidos por las leyes de la vida.

Que donde hay vida, hay muerte. 

Y yo lo único que quería en ese momento es que mi monito volviera a la vida.

Veinte minutos después, lograba salir de la farmacia.

Aunque mi intención era empezar con el tratamiento esa misma noche, en el fondo sabía que esa no era la solución.

Si la invitación a un baño de bosque, las frutas con chocolate y William Shakespeare no habían podido hacer nada por remediar la tristeza de mi amigo, un par de pastillas y algunas gotas no le harían ningún efecto.

En ese momento, como por arte de magia, pensé:

Si la tristeza que siente mi amigo vino por un árbol, estoy segura de que otro árbol la sanará.  

Un milagro. Pido un milagro.

Por favor, que mi monito no se muera.

Y en ese el preciso instante vi la aparición.

Miré a mi alrededor: todo normal, la gente se apresuraba a volver a la casa. Algunos pasantes se aventuraban a tomar el sendero como si no hubiera nada de extraño en él ese día; como si yo fuera la única testigo de lo que ocurría.  Volví a mirar: si, si, era un hecho:

Inmóvil en la penumbra, a cierta distancia de donde yo me encontraba, había una sombra.

Veo una aparición al frente mio
© Por las ramas

Bajé la mirada, me arreglé el gorro de lana y caminé lo más rápido que pude los últimos metros que me separaban de la puerta de mi edificio. Introduje con cierta dificultad la llave en la cerradura y en ese momento me di cuenta que estaba temblando.


Mimono, llegué, dije poniendo las bolsas sobre la mesa. Silencio. La casa estaba sumida en la oscuridad.  ¿Mimono? Toqué suavemente la puerta de su cuarto. Al no tener respuesta, la abrí. El monito yacía dormido en su camita. 

Entré, le di un besito, lo miré un momento y luego cerré la puerta. No valía la pena despertarlo. Preferí ponerme a hacer la cena a anunciarle que me parecía que había visto un fantasma a algunos metros de la casa. 

Al otro día, mi miedo se iba a transformar en fascinación.


TO BE CONTINUED


Querido lector, ¿te gustó ?

Si si, haznos un comentario por favor . ¡Ah! Y cuéntales a tus amigos de este blog. Merci! 😉  


Referencias

La foto «El señor de los milagros. Primera parte» fue tomada por Jaanus Jagomägi para Unsplash

[1] Agradecemos a César Augusto Parra Aldana por la documentación sobre el roble negro colombiano.

[2] La comunidad que busca salvar al roble negro de la extinción, El espectador, 30 de julio 2020, consultada el 11 de enero 2021 https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/la-comunidad-que-busca-salvar-al-roble-negro-de-la-extincion/

[3] https://fr.statista.com/statistiques/1101324/morts-coronavirus-monde/

[4] Organización Mundial de la Salud, Preguntas y respuestas sobre la enfermedad por coronavirus (COVID-19), disponible en https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses consultada el 10/02/2021

[5] Vaccination contre le Covid-19: priorité aux plus vulnérables, Le figaro, https://www.lefigaro.fr/sciences/vaccination-contre-le-covid-19-priorite-aux-plus-vulnerables-20201130 consultado el 18/02/2021

[6] How deforestation helps deadly viruses jump from animals to humans, The conversation, disponible en https://theconversation.com/how-deforestation-helps-deadly-viruses-jump-from-animals-to-humans-139645 consultado el 08/02/2021

[7] Covid-19 : la culture se mobilise pour faire rouvrir les salles de spectacle, Le Monde, disponible en https://www.lemonde.fr/culture/article/2020/12/16/la-culture-se-mobilise-pour-faire-rouvrir-les-salles-de-spectacle_6063529_3246.html consultado el 14/02/2021

(A la hora que escribo estas líneas, el Ministerio de Cultura autoriza los festivales de verano, con un público de máximo 5 000 espectadores sentados).

[8] Le SARS-CoV-2 circulait sans doute en France dès novembre 2019, Le Monde, disponible en https://www.lemonde.fr/planete/article/2021/02/10/le-sars-cov-2-circulait-sans-doute-en-france-des-novembre-2019_6069431_3244.html consultado el 10/02/2021

[9] Les silences de la Chine, un virus repéré dès 2013, la fausse piste du pangolin… Enquête sur les origines du SARS-CoV-2, Le Monde, disponible en https://www.lemonde.fr/sciences/article/2020/12/22/a-l-origine-de-la-pandemie-de-covid-19-un-virus-sars-cov-2-aux-sources-toujours-enigmatiques_6064168_1650684.html consultado el 08/02/2021

[10] Il serait inconsidéré de jeter à la poubelle un million de doses disponibles » : en Afrique du Sud, les vaccins AstraZeneca en sursis, Le Monde, disponible en https://www.lemonde.fr/afrique/article/2021/02/08/covid-19-en-afrique-du-sud-il-serait-inconsidere-de-jeter-un-million-de-doses-a-la-poubelle_6069176_3212.html consulado el 15/02/2021


© Por las ramas


22 comentarios en «El señor de los milagros – Primera parte»

    • Muchas gracias, Martha María. Le pasé a Mimono tu deseo para que se mejore y movió la cabecita. (Hace mucho que no lo hacía. Por lo que asumo que quiere decir que lo hiciste feliz).
      Me alegra muchísimo que te haya gustado el relato.
      Aquí ya estamos preparando la segunda parte. 🙂

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  1. Hola querida prima juanita, recibe un especial saludo 2021. Gracias por tu creativa y amena narración. Tu Mimono se salvaráy nos ayudará a todos. Un gran abrazo.
    Luis Gabriel

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    • Hola Luis Gabriel, muchas gracias por tu comentario y tus deseos.
      Si, yo también estoy segura de que Mimono se va a salvar.
      Espero que su cura nos dé un nuevo punto de vista de la situación que estamos viviendo y salgamos más conscientes del lugar que ocupamos en el mundo.
      Los mantendré informados del avance en su mejoría. 😉
      Un abrazo grande.

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  2. Hace unas semanas caminaba con dificultad a través de la nieve y el hielo en una ciudad donde, se supone, nunca nieva. Madrid estaba envuelta en una blanca mortaja, mientas sus habitantes intentábamos convencernos de que lo que vivíamos era real, que bajo esa gruesa capa se encontraban las calles, los parques y los árboles que conocemos y amamos. Intentando no resbalar al avanzar por una de las calles más elegantes del distrito de Salamanca empecé a ver lo cómico de la situación. Nos hemos convencido de que somos los reyes del planeta, nos hemos dicho los unos a los otros mil veces que la Naturaleza está para servirnos, hasta el punto de que lo hemos creído. Y basta un ligero cambio en sus patrones de comportamiento para demostrarnos lo equivocados que estamos, lo pequeños, frágiles e idiotas que somos. Mimono no puede tener más razón. Esperemos que se mejore y que la aparición se muestre benévola con él y con Juanita.

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    • Beatriz, muchas gracias por tu comentario y tus deseos.

      Eh oui, las creencias son porfiadas: se empeñan en persistir. Sobre todo, cuando son de vieja data.

      Pero yo confío que poco a poco (y a veces la fuerza) nos vamos a rendir a la evidencia: hacemos parte de la Naturaleza.
      Podremos cambiar muchas cosas en ella, repelerla, embestirla, negarla, pero nunca la podremos controlar.

      Nos guste o no, en este planeta, ella es la jefa. 😉

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  3. Pido porque Mimono recupere pronto su vitalidad. Su enfermedad es una que muchos padecemos hoy en día sumidos ante la impotencia por lo que nos está pasando. Y no es precisamente este virus, que es apenas un síntoma más del daño que le hemos causado a la naturaleza que nos sostiene y da la vida. Sin Ella no existimos, pero ella seguirá existiendo sin nosotros, ya que no nos necesita para existir

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    • Ana María muchas gracias por tu comentario. Estoy segura que tus deseos serán oídos y que Mimono va a mejorarse.

      Si, estoy de acuerdo contigo. Vivimos un momento de desamparo.
      Pero, mira que esta incertidumbre es bastante paradójica: de un lado inmoviliza, del otro nos empuja a una toma de consciencia; y esta última nos impulsa a proponer cambios.

      Y si, efectivamente, la Naturaleza no necesita de nosotros para existir.
      Estaba aquí mucho antes de que nosotros llegáramos.

      François Terrasson, en su libro «La peur de la Nature«, define la Naturaleza como: «lo que no depende de la voluntad del hombre«.

      Cuando lo leí, me dije: ¿Qué es lo que no depende de nuestra voluntad? Y me vino como respuesta una evidencia: Todo.

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    • ¡Marcela qué bueno leerte! Muchas gracias por tu comentario.

      «La historia te tiene atrapada» y » vivir historias a través de Mimono: dos piropos.

      Se los conté a Mimono y mira tú, movió la cabecita. (Lo que me parece que es un signo positivo de su sanación).

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  4. ¿Continuará? ¿Cómo así, cuándo sabremos el desenlace? Pobre Mimono; confío en que con tus cuidados y tal vez ayudado por aquella misteriosa aparición se mejore de su tristeza. Ese mal de Mimono lo comparten muchos, pues es terrible cómo en el último año nos ha cambiado todo. Pero soy optimista: así como nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que somos en esta Tierra, también hemos sacado a relucir el ingenio y la recursividad para sobrellevar esta situación que nos impuso el virus, adaptarnos, luchar, sobrevivir. De esta salimos, y sé que también Mimono lo hará. ¡Ánimo!

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    • Luis Francisco, pronto, muy pronto, tendrás el desenlace de la historia. Estamos en ello. 🙂

      Muchas gracias por tus deseos para Mimono.
      Si, esperamos que mis cuidados y una ayudita sobrenatural obren por su pronta recuperación. También he notado que los comentarios de los lectores hacen mover su cabecita. (Por lo que deduzco que la sanación está en camino.)

      Efectivamente este virus nos cambió la vida, pero tal vez haya algo positivo en todo esto.

      Fíjate que esta situación funciona como una reacción en cadena: llega de sopetón, nos da un buen golpe, nos empuja a observar las cosas desde otro ángulo, lo que a su vez nos lleva a tomar consciencia del mundo que nos rodea; y haciéndolo, nos obliga a proponer cambios.

      Si al final de cuentas… la vida es cambio, ¿no? 😉

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  5. !Venga, ánimo!
    Yo conozco la aparición y sé incluso como se llama…. Se lo diré a Mimono cuando lo vea.
    Aquí en el barrio, tenemos los pies en la nieve y los pelos en la arena… ¡ Cuántos misterios vas a tener que aclarar, querida vecina !
    Un saludo a todos ….

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    • Oh, Tristana. Si conoces la aparición es mejor decírmelo a mí que a Mimono.
      ¡Si todavía estoy dilucidando el misterio!

      Si, en este barrio pasan cosas muy raras: hay mujeres que tienen los pies en la nieve, los pelos en la arena y la cabeza en las estrellas (todo al mismo tiempo).
      ¿O será que las raras son ellas? 😉

      Tu mensaje hizo que Mimono moviera la cabecita. (Lo que me parece un signo positivo de su sanación). 🙂

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  6. este relato me recordó todo este tiempo que parece no tiempo y definitivamente de una u otra forma nos cambió. Ya los planes no valen, pues a la vuelta de la esquina todo cambia otra vez. Una invitación para vivir nuestro día a día como el mejor plan por hacer, porque igual el cambio es algo innato de nuestras vidas y en nosotros está la capacidad de fluir con él. Gracias por el relato y las grandes reflexiones de Mimono… que el continuará sea pronto.

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    • Hola Ana,
      ¡Bienvenida!
      Muchas gracias por tu comentario.

      «Todo este tiempo que parece no tiempo y definitivamente de una u otra forma nos cambió»… interesante. 😉

      Estoy de acuerdo contigo, esta etapa nos hace mirar de otra forma eso que llamamos Tiempo.
      El Tiempo existe sin nosotros, «pasa» de nosotros. A cada cual de vivirlo lo mejor que pueda. De aprovecharlo. De verlo tal y como es: en continuo movimiento, en perpetuo cambio.

      Como tú bien lo dices, esta época nos invita a vivir el Tiempo presente, «como el mejor plan por hacer».

      Gracias Ana por esta reflexión.

      Y el «continuará» se está acercando a pasos agigantados. Estamos trabajando en ello, toooodos los días. 😉

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  7. Hola Juanita , sufriendo por Mimono , pero ya inicio la segunda parte , como siempre fantastico relato. Puedes decirle a Mimono que acá en Villa Mate nuestro propósito es reforestar con Robles , a la fecha ya tenemos mas de 25 sembrados , pronto les enviaremos fotos .

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    • Hola Claudia,
      muchas gracias por tu comentario y por tu cariño hacia Mimono.:)
      Espero que disfrutes la segunda parte del cuento.
      Mimono va mejor. En la tercera parte les contaremos cómo fue su convalecencia.

      La sembrada de robles en la finca Villa Maté me parece una excelente noticia. Gracias a los arbolitos vendrán otras plantas, muchos animales y el ecosistema va a mejorarse (y nosotros, los seres humanos, también).

      Que ganas de poder volver a Colombia y verlos a ustedes y a los robles.
      Mientras tanto, por favor, mándanos fotos de los chicos.

      Y que sigamos andando juntos Por las ramas. 😉

      Responder

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