Cuento de solsticio de invierno

El invierno va llegando y con él, los días grises.

¿La mejor manera de atravesarlos? Escribiendo sobre pinos, abetos, piceas, tejos y cedros.

Esperanza, ilusión, certeza: esas son las palabras que me vienen cuando los miro. En los momentos más oscuros la luz vuelve: es eso lo que las coníferas me dicen.

Tiempo de lectura: 7 minutos

© Por las ramas

Hace unos años, cuando vivía en Colombia no podía imaginar lo que significaba la llegada del invierno.

Hay que vivirlo para entenderlo. En esta época del año los días son muy cortos. Hoy, por ejemplo, a las 8 de la mañana aún no había amanecido; y antes de las 5 de la tarde el sol ya se había ido. Cada día que pasa perdemos 1 minuto de luz. Período nada fácil para mí, que vengo de un país donde diariamente (y todo el año) contamos con doce horas de luz.

Si debiera indicar esta época en un calendario, yo la marcaría (en rojo) y abarcaría de la fiesta de Todos los Santos (1ero de noviembre) hasta el 21 de diciembre. 

Es el momento en que nos vamos deslizando suave pero inexorablemente a la época más oscura del año.

El solsticio de invierno

Se conoce como solsticio al evento astronómico que marca el inicio del invierno.

La palabra Solsticio viene del latín:

Sol=Sol

Stitium : Statum=estático

Es decir, el punto donde la trayectoria del sol pareciera estar detenida.[1]

 

A pesar de querer seguir viviendo como si nada sucediera durante esta época, en mi algo pasa. Yo, que quiero hacer mil cosas cada día, que vivo mejor la claridad que la noche, la penumbra no me deja vivir la vida, tal como yo quisiera. El ánimo cambia.  Me siento cansada, algo triste. Sin embargo, me digo que (como todo en la vida), esta oscuridad va a pasar.  Los días se van a alargar; la luz va a volver

Es cuestión de esperar; de atravesar este momento de la mejor forma.  Y qué mejor manera de hacerlo que escribiendo.


Para celebrar el solsticio, he aquí un pequeño cuento de invierno

Cuando era pequeña me imaginaba que el invierno llegaba de un día para otro, cayendo como una cortina de teatro, envolviéndolo todo en un majestuoso manto blanco. 

Tampoco podía representarme ese momento del año que los franceses llaman “entre-saisons” : cuando el otoño se va yendo y el invierno va entrando. De hecho, las estaciones (y todo lo que tuviera relación con ellas) eran situaciones totalmente extranjeras para mí, nacida y criada en un país donde no las hay.

El tándem abundancia/ausencia de luz que se vive en los hemisferios Norte y Sur son fenómenos inexistentes en mi Colombia natal.

Luego me vine a vivir a los Alpes y entendí.

El momento en que la tierra entera (incluida yo) vamos penetrando en la oscuridad

Como todo en la vida, el tiempo cambia; sutilmente, todos los días del año y siguiendo la danza de la tierra alrededor del Sol.

Aquí en Francia, (como en todo el hemisferio Norte) de la brillante luminosidad del verano, pasamos (casi) imperceptiblemente a la oscuridad. A partir del solsticio de verano (el 21 de junio), cada día que pasa el tiempo de luz decrece de algunos minutos. Los días se van acortando y poco a poco va entrando el otoño.


© Por las ramas

Octubre llega con días de lluvia y neblina alternados con tardes soleadas.

Las madrugadas se enfrían, llega la escarcha. El verde de los árboles va mudando en una multitud de tonos. Viene el rojo, el amarillo y el naranja. Los álamos son de los primeros árboles en teñirse de amarillo; los robles, los últimos.[2]

Luego viene el ocre, luego el marrón y luego, nada. Un vacío en ese espacio donde antes reinaba la espesura. Para encontrar las hojas, hay que mirar al suelo.

© Por las ramas

Llega noviembre y con él, las heladas. El frío se asienta. El cielo se pone gris, bajo. La noche le va ganando al día; la oscuridad se va instalando. Guantes, gorro y bufanda salen del armario. Aquí en los Alpes llegan las primeras nevadas; las partes más altas de las montañas se cubren de blanco.

El hielo domina el terreno y la naturaleza en su infinita sabiduría lo sabe: no sirve de nada oponer resistencia. Plantas y árboles se repliegan en el mundo subterráneo: en las raíces, donde continúa la vida.

© Por las ramas

Diciembre, finalmente. Entramos en la fase de penumbra. Cada día que pasa nos acercamos inexorablemente al momento del año donde la luz del Sol está en su punto más bajo. Llega la noche más larga, la que marca el inicio del invierno, esa que desde tiempos inmemoriales los seres humanos le tememos tanto. La noche de hoy, 21 de diciembre.

La luz desciende y el hombre le ruega que vuelva

No hay nada que el hombre tema más que a la Muerte. Lo sabe: todo lo que nace, muere. El va a pasar por ahí, así como las personas que él ama. Es inevitable, es ley de vida. “Protégeme de ella, dame la vida eterna”, les ha suplicado a lo largo de los siglos a sus dioses.

En esta época del año, el objeto de sus rezos ha sido la ausencia de la luz.  Los pueblos de origen germánico, los celtas, los griegos, los romanos; todos han mirado hacia el cielo y han rezado: “Por lo que más quieras, que el Sol no se muera”, “Que vuelva”. Porque si hay otra ley que el hombre conoce de maravilla es que de la luz surge la vida.  Si la estrella luminosa desaparece, es él el siguiente.

Empieza un período de espera. La tierra entera desea que la claridad vuelva. Que los días se alarguen.  Que la vida florezca.

Nosotros los humanos nos erigimos como los dueños y señores del mundo que nos rodea. Sin embargo, desde el principio lo supimos: este período hace parte del ciclo vida-muerte-vida. Indomable por naturaleza. Para amansarlo le dimos un nombre y creamos ritos.

Solo unos pocos parecen indiferentes al frío y a la oscuridad reinante

© Por las ramas

Cuando todo alrededor parece dormido, rendido a la evidencia del hielo y de la oscuridad, estos intrépidos seres vivos se alzan majestuosos en medio del paisaje gris y desolado. Su sola presencia nos recuerda que la vida está ahí y siempre lo estará.

Piceas, abetos, pinos, tejos y cedros: los arbolitos que se mantienen verdes durante todo el invierno.

Las coníferas: los señores de la vida en las tinieblas y en el frío

Basta con salir de mi casa y pasearme un poco por las colinas y las montañas. Ahí están: como los buenos amigos en los momentos más difíciles. Condición sine qua non para verlos: levantar los ojos al cielo.  

Los miro y es como si me hablaran.


Me dicen: Juanita, es una certeza, la luz volverá. Créenos.

Basta con esperar.


Referencias

Foto Cuento de solsticio de invierno:©Por las ramas

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Solsticio

[2] Dalmon Henri. La vie des saisons – Octobre-Novembre. In: Bulletin mensuel de la Société linnéenne de Lyon, 30ᵉ année,n°9, novembre 1961. pp. 241-247. Consultado el 14 de diciembre. Disponible en : https://doi.org/10.3406/linly.1961.7000


24 comentarios en «Cuento de solsticio de invierno»

    • Muchas gracias José.
      ¡Qué alegría que nos leas y compartas lo que te hizo sentir el artículo!
      Si nuestro artículo logró hacerte sentir el invierno, Mimono dice: ¡Misión cumplida!

      Que este año nos permita seguir yéndonos juntos Por las ramas. 🙂

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  1. me encanta la descripcion de las estaciones cuando uno es de un pais del tropico… tambien pensaban que las estaciones llegaban de un dia para otro y no… van poco a poco hasta que de repente ya estas…. me encanta… (perdon por no poner tildes, en este ipad no he podido encontrarlas…)

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    • Si Paola… las estaciones hay que vivirlas para sentirlas.
      En mi caso, pasaron varios años antes de entender todo lo que nos enseñan.
      Muchas gracias por tu comentario. Que alegría de nuevo leerte. 🙂

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  2. Juanita que linda descripción del invierno; ese invierno que describes aquí en Atlanta nos llega más hacia Enero y Febrero. Aunque los días también son cortos, en Diciembre aun somos afortunados de tener muchos días de sol y buen clima que disfrutamos al máximo! Pero cuando lleguen los días grises, tendremos la certeza cómo tú dices, de que la luz volverá!!!

    Joyeux Noël!!

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    • ¡Lucky you que diciembre en Atlanta sea así!
      A Mimono le dieron ganas de ir a visitarte. ¿En el 2021 el miquito políglota cruzará el Atlántico?
      Nos alegra mucho que nos leas Martha María.
      Que este año nos permita seguir yéndonos juntas Por las ramas.

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  3. Juani, muchísimas gracias por este cuento mágico.
    Me encanta dejarme llevar por tus palabras describiendo tan bien cada estación.
    Me haces soñar y aprender en cada post. GRACIAS.
    Feliz Navidad y mis mejores deseos para el nuevo año.
    Muchos besos.

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  4. Merci pour ton post. C’est une période qui m’appelle toujours à l’hibernation, à ralentir mon rythme, heureusement la lumière est amenée par les bougies, la naissance du Christ, la chaleur des foyers, le sapin de Noël …. Belles et heureuses fêtes de fin d’année Juanita. Et merci pour tes lumières, d’éclairer mes lanternes 😀

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    • Merci à toi Nasséra de nous lire et de partager tes sentiments avec nous.
      Voici notre souhait : Que cette nouvelle année nous permette de continuer de monter haut, très haut vers la canopée lumineuse. 🙂

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  5. Y en medio de todos esos arboles aparece el de Navidad, que nos ilumina con sus luces, que nos trae la promesa de que la luz volverá
    El que nos reúne a su alrededor, acompañados de los seres queridos, reviviendo los días pasados y pensando en los que vendrán.
    Feliz Navidad para ti, para Mimono y para Jean. Que la luz de la primavera llegue pronto a sus corazones.

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    • Muchas gracias Ana María. Feliz Navidad y feliz 2021 para ti y tu familia.
      Estamos de acuerdo contigo: el arbolito de navidad nos reúne con nuestros seres queridos. Es otra de sus misiones y creemos que él la ha aceptado con mucho cariño.

      Es un árbol mágico: une el presente, el pasado y el futuro. Nos hace acordarnos de los buenos momentos vividos durante el año. Tiene el poder de unirnos con todos los miembros de la familia, los presentes y los ausentes. Alrededor de él expresamos nuestros deseos para el nuevo año. Este arbolito es la promesa que la vida sigue.

      Que en el 2021 podamos seguir yéndonos con él por las ramas.

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  6. Juanis,
    Que lindo relato. Nos transportas con tus simples y emotivas palabras. Gracias por dejar fluir este escrito tan sencillo y hermoso. Que viva la luz y la penumbra.
    Feliz navidad y un abrazo gigante para los dos ❤️🙂

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  7. Juanita, sentì una emociòn especial releyendo tu entusiasta descripciòn de la Selva. Me sentì completamente identificado con el Bosque, pues mi apellido Silva significa Selva. – Lo primero que se me ocurriò fue volver a escuchar Las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi. – Cordial felicitaciòn – Antonio Silva.

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    • ¡Muchas gracias por tu comentario Antonio!
      Que alegría leerte y tenerte como lector en Por las ramas.
      Si, tienes razón: según el diccionario de la Real Academia, la palabra “Selva”, viene del latín “Silva”.
      Te cuento que Mimono también es fan de Vivaldi. Uno de sus maestros poetas se lo presentó durante la época que él llama “The British period”. Suele escucharlo cuando trabajamos. Lo pone de buen humor y al mismo tiempo lo inspira.:)

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  8. Juatis :tu cuento me hizo remontarme a mis años de juventud, cuando justamente me encontraba en los mismos parajes que tú describes. Hoy en este país lleno de cordilleras, donde la naturaleza se mantiene vigente todo el año y la luz persiste con ligeras modificaciones durante durante 12 horas al día, me gustaría volver a esos paisajes y disfrutar de tu compañía .Es el reto una vez pase el azote de esta pandemiaa, reencontrarnos y disfrutar del calor humano y del amor filial.

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    • ¡Muchas gracias por tu comentario Víctor! Nos encanta que nuestro artículo te haya hecho recordar la época de tu juventud en Francia. Y para volvernos a ver, hemos creado un nuevo dicho: Si Víctor no va a los Alpes, Mimono ira a visitarlo a los Andes. 🙂

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